Durante años se ha repetido una idea incómoda, pero bastante simplista: “las nuevas generaciones no quieren trabajar”. Sin embargo, cuando se miran los datos con más cuidado, la historia cambia. La Generación Z no está rechazando el trabajo. Está cuestionando una forma de trabajar que muchas veces no les ofrece estabilidad, bienestar, aprendizaje ni un futuro claro.
Y eso, para las empresas, no es un detalle menor. Es una señal estratégica.
Hablar del futuro del trabajo ya no significa únicamente hablar de tecnología, inteligencia artificial o modelos híbridos. También significa entender cómo están cambiando las expectativas de las personas que hoy entran, crecen y toman decisiones dentro del mercado laboral. En especial, de la Generación Z, que está obligando a las organizaciones a hacerse una pregunta de fondo: ¿estamos construyendo lugares de trabajo donde las personas puedan crecer sin romperse en el intento?
Una generación que creció con incertidumbre
Para entender cómo piensa la Generación Z frente al trabajo, hay que mirar primero el contexto en el que ha crecido.
Esta generación ha entrado al mundo adulto en medio de pandemia, inflación, aumento del costo de vida, cambios tecnológicos acelerados, incertidumbre laboral y una transformación profunda en la forma de trabajar. No es extraño, entonces, que sus decisiones profesionales estén más marcadas por la búsqueda de estabilidad que por la carrera tradicional de “subir rápido” dentro de una empresa.
De acuerdo con la Encuesta Global Gen Z y Millennials 2026 de Deloitte, el 55% de la Generación Z y el 52% de los millennials dicen haber retrasado decisiones importantes de vida, como comprar vivienda, formar una familia o continuar estudiando, debido a su situación financiera.
Este dato es clave porque rompe con una lectura superficial: no estamos frente a una generación “sin ambición”, sino frente a una generación que mide más el riesgo antes de comprometerse con ciertas decisiones. Para muchos jóvenes, aceptar un trabajo, quedarse en una empresa o asumir una posición de liderazgo no se evalúa solo por el cargo o el salario, sino por una pregunta más amplia: ¿esto me permite construir una vida sostenible?
En Colombia, este contexto también tiene un peso importante. El DANE reportó que, para el trimestre móvil febrero-abril de 2026, la tasa de desocupación de la población joven entre 15 y 28 años fue de 16,2%. Es decir, aunque se hable mucho de las expectativas de los jóvenes, también hay que reconocer una realidad: muchos están entrando al mercado laboral con presión económica, incertidumbre y una necesidad real de construir seguridad.
No buscan menos ambición: buscan una ambición sostenible
Durante mucho tiempo, el crecimiento profesional se midió casi exclusivamente en ascensos, títulos y cargos de liderazgo. Pero para la Generación Z, esa fórmula ya no siempre representa éxito.
Deloitte encontró que solo el 6% de la Generación Z y de los millennials encuestados tiene como principal objetivo profesional alcanzar una posición de liderazgo. A primera vista, esto podría interpretarse como falta de interés por crecer. Pero el mismo estudio muestra algo más profundo: muchos sí quieren liderar, influir y generar impacto, pero no están dispuestos a hacerlo a costa de su bienestar, su salud mental o su vida personal.
En otras palabras, la pregunta no es si quieren crecer. La pregunta es bajo qué condiciones están dispuestos a hacerlo.
Para las empresas, esto implica revisar cómo están presentando el liderazgo. Si liderar significa más carga, más estrés, menos tiempo y poca claridad, es natural que muchas personas jóvenes no lo vean como una meta atractiva. Pero si el liderazgo se construye como una oportunidad de aprendizaje, influencia, autonomía y desarrollo sostenible, la conversación cambia.
La ambición no desapareció. Se volvió más consciente.
Dinero, propósito y bienestar: la nueva fórmula laboral
Uno de los hallazgos más relevantes de Deloitte es que las nuevas generaciones están tomando decisiones profesionales alrededor de tres factores conectados: dinero, propósito y bienestar.
Esto es muy importante para las áreas de Recursos Humanos, porque durante años muchas empresas intentaron compensar debilidades estructurales con discursos de propósito o beneficios llamativos. Pero para la Generación Z, el bienestar no se sostiene solo con frases bonitas. Y el propósito tampoco alcanza si la persona vive con inseguridad financiera.
Según Deloitte Latam, casi la mitad de la Generación Z dice no sentirse financieramente segura. Al mismo tiempo, aproximadamente nueve de cada diez miembros de la Generación Z y millennials consideran que el sentido de propósito es importante para su satisfacción y bienestar laboral.
Aquí hay una lectura clave: las nuevas generaciones no quieren elegir entre salario, propósito y bienestar. Esperan una propuesta laboral donde esos tres elementos puedan convivir.
Eso no significa que todas las empresas deban ofrecer beneficios costosos o imposibles. Significa que deben revisar si su propuesta de valor al empleado realmente responde a las necesidades actuales de sus equipos. Por ejemplo: educación financiera, beneficios de salud, acompañamiento psicológico, seguros ajustados a la etapa de vida, programas de formación, flexibilidad y rutas de crecimiento claras.
Hoy, un beneficio laboral relevante no es necesariamente el más llamativo. Es el que resuelve una preocupación real.
La flexibilidad dejó de ser un beneficio “bonito”
La flexibilidad ya no puede verse como un premio ocasional ni como un beneficio exclusivo para ciertos cargos. Para muchas personas jóvenes, la flexibilidad es parte de la base mínima para trabajar mejor.
Randstad Workmonitor 2025 encontró que, por primera vez en la historia de su estudio, el balance vida-trabajo superó ligeramente al salario como motivador principal: 83% frente a 82%. Además, el estudio mostró que el talento está dispuesto a tomar decisiones cuando sus expectativas no se cumplen: 44% dijo haber renunciado a un trabajo porque consideraba que el ambiente laboral era tóxico.
Pero flexibilidad no significa ausencia de estructura. Significa claridad, confianza y autonomía.
Para una empresa, esto puede traducirse en horarios más razonables, modelos híbridos bien diseñados, políticas claras de desconexión, liderazgo menos basado en control y más enfocado en resultados, y una cultura donde pedir ayuda no se vea como falta de compromiso.
La Generación Z no está pidiendo trabajar sin reglas. Está pidiendo reglas más humanas.
Aprendizaje continuo: la nueva seguridad laboral
En un mercado laboral que cambia tan rápido, la seguridad ya no depende únicamente de tener un cargo estable. También depende de tener habilidades actualizadas.
El Foro Económico Mundial proyecta que, hacia 2030, la transformación del mercado laboral implicará la creación de 170 millones de nuevos roles y el desplazamiento de 92 millones, con un aumento neto de 78 millones de empleos. Además, estima que cerca del 40% de las habilidades requeridas en el trabajo cambiarán.
En Colombia, Deloitte encontró que el 82% de la Generación Z y el 79% de los millennials dicen estar desarrollando habilidades para avanzar en sus carreras una vez por semana o más. Esto muestra algo importante: las nuevas generaciones sí están interesadas en crecer, pero muchas veces no lo entienden como una escalera rígida, sino como una acumulación de capacidades.
Quieren aprender. Quieren moverse. Quieren adaptarse.
Para las empresas, esto abre una oportunidad enorme. Las organizaciones que ofrezcan aprendizaje continuo, mentoría, retroalimentación real y oportunidades de movilidad interna tendrán más posibilidades de retener talento joven. Pero para que eso funcione, la formación no puede sentirse como una capacitación aislada cada seis meses. Tiene que estar integrada al día a día del trabajo.
El aprendizaje dejó de ser un beneficio adicional. Hoy es una forma de protección profesional.
Inteligencia artificial: oportunidad, miedo y adaptación
La inteligencia artificial ya no es una tendencia lejana. Está entrando en la rutina laboral de muchas personas, especialmente de las generaciones más jóvenes.
En Colombia, Deloitte reportó que el 53% de la Generación Z y el 54% de los millennials ya usan herramientas de inteligencia artificial generativa en su trabajo diario. Muchos ven beneficios claros: ahorrar tiempo, mejorar la calidad de lo que producen y encontrar nuevas formas de trabajar. Pero también existe preocupación. El mismo reporte muestra que una parte importante teme que la inteligencia artificial elimine empleos o los lleve a buscar roles menos vulnerables a la automatización.
Esta tensión es normal. La IA puede abrir oportunidades, pero también genera ansiedad cuando las empresas no explican cómo se va a usar, qué habilidades serán necesarias y qué lugar ocuparán las personas en ese nuevo modelo.
Microsoft, en su Work Trend Index 2026, también señala que la ansiedad alrededor de la IA en el trabajo es real: va desde el miedo a perder el empleo hasta la presión por mantenerse actualizado ante una tecnología que cambia muy rápido.
Por eso, el reto para las empresas no es únicamente incorporar herramientas de IA. El verdadero reto es acompañar a sus equipos en la transición: formar, orientar, establecer criterios éticos, proteger la información y reforzar las habilidades humanas que seguirán siendo esenciales, como criterio, comunicación, creatividad, empatía y liderazgo.
La tecnología puede acelerar procesos. Pero la confianza sigue siendo profundamente humana.
Qué pueden hacer las empresas desde Recursos Humanos
Entender a la Generación Z no significa complacer cada expectativa sin estrategia. Significa leer las señales del mercado y diseñar una propuesta laboral más conectada con la realidad actual.
Algunas acciones concretas pueden marcar una diferencia:
Primero, revisar los beneficios laborales desde la etapa de vida de los colaboradores. No todas las personas necesitan lo mismo. Un colaborador joven puede valorar educación financiera, salud mental, seguros flexibles, formación, bienestar físico o apoyo para construir estabilidad. Una persona con familia puede tener otras prioridades. El reto está en diseñar beneficios que no sean genéricos, sino útiles.
Segundo, fortalecer el liderazgo intermedio. Muchas veces la experiencia del colaborador no depende de la política escrita, sino de cómo su jefe directo comunica, acompaña, distribuye cargas y reconoce el trabajo. Si los líderes no están preparados, la cultura se rompe en la práctica.
Tercero, convertir el aprendizaje en parte del trabajo. Las nuevas generaciones quieren desarrollar habilidades, pero necesitan tiempo, guía y oportunidades reales para hacerlo.
Cuarto, hablar de bienestar con seriedad. Bienestar no es solo una charla ocasional o una campaña durante una fecha especial. Es revisar cargas laborales, claridad de roles, salud mental, seguridad financiera, flexibilidad y prevención de riesgos.
Y quinto, escuchar antes de asumir. Muchas empresas diseñan beneficios desde lo que creen que sus equipos valoran, no desde lo que realmente necesitan. Medir, preguntar y segmentar puede evitar inversiones poco efectivas.
El futuro del trabajo también es gestión de riesgos
La conversación sobre la Generación Z y el futuro del trabajo no es una moda generacional. Es una conversación sobre gestión de riesgos humanos.
Una empresa que no entiende lo que espera el talento joven puede enfrentar rotación, baja motivación, desconexión, dificultad para atraer perfiles clave y pérdida de productividad. Gallup reportó que el engagement global de los empleados cayó a 20% en 2025, su nivel más bajo desde 2020, con un costo estimado de 10 billones de dólares en productividad perdida para la economía mundial.
Esto debería prender las alarmas de cualquier organización.
Porque el problema no es solo atraer talento. Es construir condiciones para que ese talento quiera quedarse, crecer y aportar.
La Generación Z está dejando claro que el trabajo del futuro no se construye únicamente con mejores herramientas, oficinas más bonitas o discursos de cultura. Se construye con estabilidad, aprendizaje, bienestar, liderazgo cercano, flexibilidad real y beneficios que respondan a las preocupaciones concretas de las personas.
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El futuro del trabajo ya cambió. La pregunta es si las empresas están cambiando con él.




