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No todo es trabajo: por qué tener hobbies fuera de la oficina también cuida la salud mental

Hay una pregunta aparentemente sencilla que puede decir mucho sobre la cultura de una empresa:

¿Qué hacen tus colaboradores cuando no están trabajando?

Corren. Cocinan. Juegan videojuegos. Montan bicicleta. Pintan. Viajan. Leen. Bailan. Cuidan plantas. Tocan un instrumento. Entrenan. Son voluntarios. Pasan tiempo con sus hijos o simplemente disfrutan de una actividad que no tiene absolutamente nada que ver con su cargo.

Y eso importa.

Durante años se ha hablado del bienestar laboral principalmente desde lo que ocurre dentro del trabajo: beneficios, clima, liderazgo, compensación, reconocimiento, ergonomía o programas de salud mental.

Pero hay otra parte del bienestar que ocurre cuando termina la jornada: la capacidad real que tiene una persona para dejar de trabajar y volver a ser algo más que su cargo.

El cerebro también necesita salir del trabajo

Trabajar no es malo para la salud mental. De hecho, la Organización Mundial de la Salud⁠ señala que un trabajo decente puede aportar propósito, confianza, estructura, relaciones sociales y sentido de logro.

El problema aparece cuando el trabajo ocupa demasiado espacio, las demandas son excesivas o la persona nunca consigue desconectarse.

La misma Organización Mundial de la Salud⁠ estima que cada año se pierden alrededor de 12.000 millones de días de trabajo por depresión y ansiedad, con un impacto aproximado de un billón de dólares en pérdida de productividad a nivel mundial. También identifica las cargas excesivas, las jornadas prolongadas, el bajo control sobre el trabajo y otros factores organizacionales como riesgos para la salud mental.

Por eso, hablar de bienestar no debería limitarse a preguntarnos qué hacemos para que una persona esté bien mientras trabaja.

También deberíamos preguntarnos:

¿Le estamos permitiendo recuperarse cuando deja de trabajar?

Recuperarse no significa simplemente “no estar en la oficina”

Una persona puede haber cerrado el computador y seguir mentalmente trabajando durante horas.

Puede estar cenando mientras piensa en el correo que no respondió. Puede salir a correr revisando notificaciones. Puede estar jugando con sus hijos mientras anticipa la reunión de mañana.

En psicología organizacional existe un concepto particularmente importante para entender este fenómeno: la recuperación del trabajo.

Las investigadoras Sabine Sonnentag y Charlotte Fritz identificaron cuatro experiencias relacionadas con una buena recuperación después de la jornada: desconectarse psicológicamente del trabajo, relajarse, realizar actividades que produzcan aprendizaje o sensación de dominio y tener control sobre cómo utilizar el tiempo libre. Este modelo fue desarrollado en una investigación publicada en el Journal of Occupational Health Psychology y disponible en PubMed⁠.

Ahí es donde los hobbies cobran valor.

No porque “tener un hobby te haga mejor empleado”, sino porque una actividad elegida libremente puede ayudar a generar algunas de esas experiencias.

Aprender guitarra puede producir sensación de progreso. Montar bicicleta puede combinar actividad física y desconexión. Cocinar puede exigir atención sobre algo completamente distinto al trabajo. Un videojuego puede representar entretenimiento, reto o socialización. Cuidar un jardín puede ofrecer calma. Practicar un deporte puede unir movimiento, comunidad y aprendizaje.

El hobby no es necesariamente lo importante. Lo importante es lo que permite experimentar.

Hay una diferencia entre descansar y recuperarse

Esto también explica por qué pasar tres horas mirando el celular después de una jornada difícil no necesariamente produce la misma sensación que dedicar parte de ese tiempo a una actividad significativa.

La recuperación puede incluir descanso pasivo, pero también actividades sociales, físicas y creativas.

Un estudio publicado en el Journal of Occupational Health Psychology⁠ encontró que las actividades de ocio realizadas después del trabajo podían favorecer la relajación y la desconexión psicológica, asociándose además con mayor sensación de energía a la mañana siguiente y mayor engagement durante la jornada posterior.

Otra investigación sobre actividades de recuperación durante el tiempo libre⁠ encontró que las actividades sociales, físicas y creativas se relacionaban positivamente con experiencias de recuperación, mientras que continuar realizando actividades laborales durante ese tiempo tenía el efecto contrario.

No significa que pintar, correr o cocinar sea una fórmula mágica contra los problemas de salud mental.

Significa algo mucho más razonable: las personas necesitan espacios donde las demandas del trabajo dejen temporalmente de ocupar el centro de su atención.

Y aquí Talento Humano tiene mucho que mirar

Sería fácil terminar esta conversación diciendo: “animemos a los colaboradores a tener hobbies”.

Pero eso se quedaría corto.

Porque una organización no puede recomendar desconexión y, al mismo tiempo, mantener una cultura donde contestar mensajes fuera de horario se interpreta como compromiso.

Tampoco sirve entregar una membresía para el gimnasio si la carga laboral hace imposible utilizarla.

Ni organizar clases de yoga mientras los equipos sienten culpa cada vez que salen puntuales.

La responsabilidad del bienestar no puede trasladarse completamente al trabajador.

La propia Organización Mundial de la Salud⁠ recomienda intervenir sobre las condiciones organizacionales que generan riesgos para la salud mental, incluyendo aspectos como las cargas de trabajo, la flexibilidad y la manera en que se organiza el trabajo.

En Colombia existe además un marco especialmente relevante: la Ley 2191 de 2022 de desconexión laboral⁠, disponible en el Gestor Normativo de Función Pública, busca garantizar que las personas puedan disfrutar efectivamente de su tiempo libre, descanso, vacaciones y vida personal y familiar una vez finalizada la jornada laboral.

No es simplemente una conversación sobre hobbies.

Es una conversación sobre tener tiempo que realmente vuelva a pertenecernos.

¿Qué puede hacer una organización?

Para Talento Humano, el reto no debería ser elegir el próximo “beneficio de bienestar”, sino revisar si las personas tienen las condiciones necesarias para construir una vida rica también fuera del trabajo.

  1. Proteger de verdad el tiempo fuera de la jornada. Revisar mensajes nocturnos, reuniones demasiado tempranas o tardías, expectativas de disponibilidad y comportamientos de los líderes. La política escrita importa, pero el ejemplo cotidiano importa todavía más.
  2. Dar autonomía en lugar de prescribir una forma de bienestar. No todos descansan haciendo ejercicio. Para una persona puede ser fútbol y para otra lectura, gaming, fotografía, jardinería, baile, voluntariado o tiempo con su familia. Un buen beneficio reconoce esa diversidad.
  3. Evitar convertir el ocio en otra obligación corporativa. Si la clase de ejercicio, el club de lectura o el torneo empresarial se sienten como otra actividad a la que “hay que asistir”, pueden perder justamente aquello que hace valioso el tiempo libre: la elección personal.
  4. Diseñar beneficios para personas completas, no solo para empleados. La vida fuera de la oficina incluye mascotas, hijos, deporte, viajes, estudio, hobbies, responsabilidades de cuidado y proyectos personales. Una estrategia de beneficios flexible puede responder mejor a esa diversidad que una oferta idéntica para todos.
  5. Revisar el problema antes de recomendar autocuidado. Si un equipo está permanentemente agotado, quizás la respuesta no sea una charla sobre manejo del estrés. Puede ser necesario revisar cargas, prioridades, roles, recursos disponibles, horarios y prácticas de liderazgo.

Una pregunta sencilla para evaluar tu cultura

Talento Humano puede hacer una prueba bastante simple.

Piensa en una persona de tu organización que termina su jornada a la hora acordada para entrenar, buscar a sus hijos, asistir a una clase de cerámica o simplemente irse a casa a leer.

¿Cómo interpreta la cultura ese comportamiento?

¿Como alguien que organiza bien su vida?

¿O como alguien “poco comprometido” porque no permanece conectado?

La respuesta puede decir más sobre la estrategia de bienestar que muchos programas corporativos.

Tus colaboradores necesitan una vida que no dependa de su cargo

Los hobbies no tienen que convertirse en emprendimientos. No tienen que mejorar el currículum. No necesitan generar dinero, contactos ni contenido para LinkedIn.

A veces pueden existir simplemente porque nos gustan.

Y precisamente ahí está parte de su valor.

La American Psychological Association⁠ señala, dentro de sus recomendaciones sobre manejo del estrés, la importancia de mantener actividades agradables, relaciones y espacios personales que ayuden a las personas a afrontar de manera más saludable períodos de alta demanda.

Una organización saludable entiende que sus colaboradores tienen intereses, relaciones, responsabilidades e identidades que empiezan mucho antes del horario de entrada y continúan mucho después del de salida.

Porque sí: el trabajo puede aportar propósito.

Pero no debería ser el único lugar donde una persona encuentra propósito, identidad, aprendizaje, relaciones o satisfacción.

Cuidar la salud mental también implica proteger el espacio para todo lo demás.

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